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La felicidad...?

"Felicidad"

En el cuarto se sentía un ambiente contaminado, frío pero asfixiante cómo si el último suspiro te fuera arrebatado. Sólo había dos personas en la habitación. Había una tercera presencia, junto al televisor, pero no era humana, no era animal, parecía solo la sombra de un sentimiento.

Tomás seguía hablando con una voz tranquila, que no reflejaba ningún estado de animo. Hacía 7 minutos que Francisco había dejado de prestarle atención, pues la voz inexpresiva de Tomás lo exasperaba. Durante 4 años habían compartido esa habitación y el resto del departamento y después de 11 meses compartieron también sus corazones. Celos, inseguridades, peleas, nunca habían tocado ese hogar, nunca se habían materializado en esa relación.

Francisco ahora observaba la cara de Tomás, sus bellas facciones le recordaban por que se había enamorado de él.

En la mente de Francisco se formo el recuerdo de la primera vez que hablaron, ahí con los compañeros, junto al monumento a Jorge Camacho. Entre las bellas y largas manos de Tomás se encontraba un libro y Francisco reconoció la portada, se acerco y comenzaron a charlar sobre el libro y de quien lo había escrito. Su segundo encuentro fue una suerte pues los dos buscaban un departamento en el centro de la ciudad y acordaron que vivirían juntos. Francisco y Tomás estaban hecho el uno para el otro.

El recuerdo se interrumpió.

Tomás había dejado de hablar y miraba a los ojos de Francisco buscando una respuesta que no sería otorgada pues él no escuchó la pregunta. De los ojos de Tomás brotaron sólo 3 lágrimas.

Francisco se sentó en sofá justo enfrente de la presencia que poco a poco se acercaba a el. Tomás se encontraba ahora junto al librero pues el sofá estaba invadido por un profundo abismo de depresión cuando un discurso llego a su mente y no fue capaz de controlar las palabras que salían de su boca.

Sólo que esta vez, gritaba con furia lo que su mente le aconsejaba.

-¿Por qué no lo entiendes? No soy suficiente para tí. ¡Nunca te he podido dar lo que quieres! Se perfectamente que está mal, yo tengo la culpa. Te estoy haciendo sufrir, ¡entiendelo por favor! no puedo ofrecerte lo que tu me das.

Francisco levantó la vista y observo cómo Tomás lo miraba con angustia. -Yo nunca te pedí nada, estoy bien, no te hagas problema.-

-Siempre te dije que no te encariñaras conmigo, yo sabía que sólo te iba a joder. No te puedo querer como tu lo haces.

-Lo hice y no me arrepiento.- Calmadamente respondió Francisco

-No te quiero lastimar, pero parece que inconscientemente lo hago, No puedo estar contigo de la manera en que lo mereces!.- dijo Tomás.

-No te lo pedí y no te voy a insistir si me dejás atrás. Sabes lo que quiero y no necesito nada más. Quiero que estés bien tú. Amar es anteponer las necesidades del amado. Te quiero y con eso me basta.

-¿¡¿ES QUÉ NO QUIERES SER FELIZ?!?


Tomando el ejemplo de Tomás se levanto del sofá y se dirigió hacía la sombra que se encontraba ahora junto a la lampara. La encendió y el y la sombra se fusionaron en un lamento.

¿Que más podría ser la felicidad que una ilusión? Francisco decidió que no necesitaba más sueños.

La voz de Francisco sonó al mismo tiempo que la voz de la sombra.
-¿Para que quiero ser feliz?.-


Un beso,

Morry

DECEPCIONADO

Me decepciona la gente
Me decepciona una persona
Decepciono a todos 
Me decepciono a mi mismo
Me decepciona la vida
Pero más me decepciona la muerte
Me decepciona el odio
Pero más me decepciona el amor
Me decepciona la mentira 
Pero más me decepciona la verdad
Me decepcionan tus sueños y tus verdades
Pero más me decepcionan mis esperanzas y mis realidades
Me decepciona la decepción
Porque no me hace entrar en razón
Me decepcionan los anhelos
Fantasías que se evaporan en los cielos.

Alex

La misma porquería...

La criatura ronroneaba de deseo de nuevo y parecía inofensiva ante su voz y su mirada.
Cautelosa se acercaba desde la obscuridad devorando recuerdos y los nervios que poco a poco olvidaría.

Él se cuestionaba como podía dejar que las cosas surgieran de esa manera, con tan poco interés. Se preguntaba como aguantaría el dolor que lo consumiría hasta el final. La criatura comenzaba a mostrarse perfectamente formada de sombras en las que podía confiar. -"Y eso será todo"-, pensaba él agazapándose contra la pared de una manera poco poética para la situación final.

-Puedes cerrar los ojos, si lo deseas así-, vociferó aquella extraña masa de formas y humo interminable, y con una profunda tristeza agrego: -Pero no puedo posponerlo más.-

Él hombre no podía pensar siquiera en lo que podía sentir o dejar de sentir, no podía ni siquiera recordar el tacto del suelo donde estaba posado, no podía pedir perdón por los pecados no cometidos, o apreciar la sombra de sus párpados sobre los ojos.

Donde se encontraba y por que estaba ahí ya no le parecían un misterio, sabía el desde el principio y aunque muy en el fondo, que aquella entidad llegaría a robarle su libertad, su decisión. Que se posesionaría de él lenta y dolorosamente como una mala hierba al joven árbol en crecimiento, penetrando en la corteza de su corazón y fundiéndose con sus raíces de cordura, consumiéndolo eternamente.

Una de las extremidades de la criatura finalmente alcanzo el tobillo de aquel hombre asustado que esperaba sentir un inmenso frío, un vacío doloroso como la pérdida. Para su sorpresa en el lugar donde había sido tocado por la sombra un calor dulzón y empalagoso se cernía sobre el y lo renovaba como el viento de otoño.

El cuerpo del hombre se estremeció pero esta vez de placer, un placer inocente, en cuanto los colores, los olores y las esencias se presentaban ante él y se postraban a sus pies, humildes, ante tanta belleza. La sombra seguía fusionándose en su piel y cada respiración se le antojaba más real, como un flujo constante de vida que recorría cada centímetro de su ser.

Todas las sensaciones agradables y unas cuantas desconocidas y familiares al mismo tiempo lo embargaban en un momento eterno de vida y felicidad.
La sombra casi desaparecía en su interior llenándolo de ligereza en el alma, en los sueños.

El hombre comenzaba a entender, y a dejar de temer. Comenzaba a aceptar la situación en la que nunca imagino encontrarse en tan perfecto estado...

Aquél hombre, estaba enamorado.

Besos,

Morry

  CUANDO ESTAS TU…

Me siento hombre 
Cuando procuro tu bienestar
Cuando consigo contigo estar
Cuando te ayudo a tus penas olvidar
Cuando te doy toda mi bondad
Cuando te inunda la tranquilidad
Cuando te voy a escuchar cuando nunca te puedo olvidar
Cuando solo tu perfume puedo respirar
Cuando solo tu luz puedo admirar
Cuando tus ojos me dicen toda la verdad
Cuando solo tus labios me logran provocar
Cuando solo tu cuerpo es mi realidad
Cuando tu piel es una tierra que quiero habitar
Cuando te siento suspirar
Cuando tu cabello con el viento quiere bailar
Cuando tengo frío y tus brazos me logran calentar
Cuando con las yemas de mis dedos tu espalda quiero tocar
Cuando tus miedos intento derrotar
Cuando tu melódica voz me logra hipnotizar
Me siento hombre solo cuando conmigo estas

 
Alexandro